Empezamos el nuevo año litúrgico con el tiempo de Adviento, que es una invitación a mirar hacia delante con una actitud de alerta confiada. El anuncio de grandes desgracias y cataclismos, típico del lenguaje apocalíptico, sirve a Jesús para remarcar un contraste: mientras la gente pierde el aliento por causa del miedo, los discípulos podrán erguir la cabeza confiando en la llegada de la liberación definitiva.
Sin embargo, confianza no quiere decir adormecimiento. Hay que estar alerta esperando el día de la libertad, para que cuando llegue nos encuentre en actitud de oración, es decir, de discípulos activos, a punto para reconocer a nuestro Señor. Tenemos que vivir en medio de las cosas de este mundo sin dejar que nos absorban: comer y beber, sí, sin caer en el hedonismo y el exceso; trabajar y negociar, también, sabiendo que hemos sido creados para cosas más altas.
En cualquier caso tener presente que siempre es mejor caminar mirando hacia delante que con la cabeza vuelta hacia atrás.
Misa de cada día