Los judíos preguntaban a Juan qué tenían que hacer para preparar un hecho tan extraordinario como la venida del Señor. ¿Un gran ayuno, una reunión en el Tempo, un sacrificio inigualable? Juan los sorprende reclamando unos gestos que tendrían que ser totalmente ordinarios: compartir con el necesitado, evitar los fraudes y abusos en las tareas profesionales, comportarse con honestidad y con respeto a la dignidad de los demás.
Valdría la pena que también hoy hiciésemos caso de Juan Bautista. Nuestro mundo necesita muchas dosis de honestidad profesional, respeto de los derechos humanos y solidaridad con los desfavorecidos. A veces los cristianos pretendemos compensar la falta de ética con prácticas piadosas, pensando que a lo mejor así el Señor hará la vista gorda con nuestras incoherencias.
El Señor viene a perdonar los pecados de todos los que le acogen. No tenemos que padecer por miedo de que él nos rechace, pero tampoco tenemos que pretender comprarle con oraciones. Él prefiere un corazón honesto, veraz y solidario a un coro de ángeles cantando hosanas.
Misa de cada día