Ahora bien, la fuerza peculiar de este amor familiar proviene de su sinergia con el amor de Dios, que envía al Hijo al mundo y que encomienda a una pareja de prometidos que lo acojan como hijo y lo críen. El plan de Dios no habría prosperado sin el concurso del amor que se prodigó entre los tres miembros de aquella familia.
Seguramente la fragilidad actual de los vínculos familiares encuentra una de sus causas en la falta de un proyecto vital sólido. El matrimonio es un sacramento porque el vínculo conyugal entre los esposos se inscribe en el plan de Dios, que es amor fecundo.
Misa de cada día