dilluns, 21 de gener del 2019

EL PLAN DE DIOS NECESITÓ EL CONCURSO DE LA SAGRADA FAMILIA (BUTLLETÍ INFORMATIU 30 de desembre nº 533. Any 2018)

La Sagrada Familia nos demuestra que no hay ninguna contradicción entre el amor a Dios y el amor humano conyugal y paternofilial. No dudamos que María y José se querían. En aquel tiempo el matrimonio no se basaba en el amor  romántico como ahora lo entendemos, pero el hecho de que José decidiese no denunciar a  María cuando supo que esperaba un hijo dice mucho de sus sentimientos hacia ella. Por otra parte, el evangelio de hoy nos habla del amor obediente del niño Jesús y de la preocupación de sus padres cuando lo perdieron volviendo de Jerusalén.  

Ahora bien, la fuerza peculiar de este amor familiar proviene de su sinergia con el amor de Dios, que envía al Hijo al mundo y que encomienda a una pareja de prometidos que lo acojan como hijo y lo críen. El plan de Dios no habría prosperado sin el concurso del amor que se prodigó entre los tres miembros de aquella familia. 

Seguramente la fragilidad actual de los vínculos familiares encuentra una de sus causas en la falta de un proyecto vital sólido. El matrimonio es un sacramento porque el vínculo conyugal entre los esposos se inscribe en el plan de Dios, que es amor fecundo.                                   

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