Hay personas desganadas a quienes no apetece ningún alimento, y personas apáticas a quienes nada les motiva. Contra la desgana y la apatía espiritual, el tiempo de Adviento quiere despertar en nosotros el deseo, la nostalgia, la ilusión del encuentro con Dios: “Ojalá rasgaras el cielo y bajaras”.
Es muy fácil en nuestro mundo alejarnos paulatinamente de Dios y pensar que estamos a tiempo de buscarlo y restablecer las relaciones. ¡Hay tantas cosas que reclaman nuestra atención urgente! Adviento nos recuerda que el tiempo no es eterno y que, para encontrarnos con Dios, lo más sabio es dejar que sea él quien marque el ritmo.
A nosotros nos corresponde una actitud de vigilancia, mantenernos atentos y despiertos para aquel momento especial, que él tiene previsto desde la eternidad, en que llamará a la puerta de nuestra vida. ¿Quién sabe cuántos momentos especiales hemos desaprovechado ya? O quizá, de hecho, depende de nosotros hacer que cualquier momento de la vida pueda ser decisivo.
Misa de cada día