Vivimos tiempos de culto al yo, El concepto de sacrificio sólo es concebible, para muchos, como el esfuerzo por mejorarse a sí mismo, y no por entregarse a los demás. Sacrificio para mejorar el propio aspecto, con ejercicio físico, tatuajes, cirugía, hasta extremos insano como los trastornos alimentarios. Sacrificio para el bienestar emocional con el yoga y la meditación. Sacrificio para lograr los retos personales de tipo deportivo, económico, laboral...En cambio, la palabra abnegación, entendida como la renuncia a un objetivo personal para conseguir un bien superior en beneficio de otra persona, parece borrada del diccionario. De aquí provienen seguramente muchas crisis familiares. En este sentido, Juan Bautista es en nuestra época un personaje contracultural, alguien tan atípico como una voz que clama en el desierto y que, en vez de promocionarse a sí mismo, afirma que no es digno ni de desatar las correas del calzado de aquél a quien ha venido a allanar el camino. ¿Nos atrevemos a escuchar su voz?.
Misa de cada día