Juan Bautista es enviado al pueblo de Israel para abrir una ruta al Señor, es decir, para abrir los corazones a la novedad del evangelio. No hay noticia, por buena que sea, que pueda alegrar a quien no está dispuesto a escuchar. Esto es lo que sucedió en tiempos de Jesús: las distintas facciones en que se dividía el pueblo judío estaban tan henchidas de sí mismas y tan ocupadas en las disputas internas que no podían prestar atención a un nuevo predicador salido de Nazaret. En previsión de esto, Dios había infundido el espíritu profético en Juan para iniciar un movimiento de conversión y de expectación de la venida del Señor. Ni siquiera esto fue suficiente. Nuestra sociedad occidental, tan llena de sí misma y cerrada a la novedad que viene de Dios. Recuerda un poco al judaísmo de los tiempos de Jesús. Hasta cuando no quieren escuchar el anuncio del evangelio, los cristianos podemos, a ejemplo de Juan, denunciar las injusticias e incoherencias del mundo actual y anunciar que otro mundo es posible y que Dios viene a instaurarlo.
Misa de cada día