La iniciativa de seguir a Dios no es nuestra. Él nos ha venido a encontrar. A veces no somos nosotros quienes hemos decidido creer y participar en la vida de la Iglesia. Pero, de hecho, ha sido Él quien nos ha llamado. Quizás por medio de los hábitos familiar, de la vida de una escuela o del calor de una comunidad. Sea como sea, es Él quien nos busca.
Ahora nos toca a nosotros dar el paso siguiente. Darnos cuenta de nuestras limitaciones y descubrir que con Él podemos ir mucho más lejos. Con Él cerca es posible superar nuestra mediocridad y hacer que nuestra vida sea fecunda. Esta experiencia nos purifica, nos libera de las inercias egoístas y nos hace vislumbrar una plenitud hasta entonces desconocida.
Este hallazgo nos anima a no detenernos, a avanzar, a seguir buscando. Nos anima a superar una vida vivida rutinariamente para acogerla como un reto, una auténtica aventura que vale la pena vivir. Asumimos que buscamos Dios porque Él nos ha encontrado primero.
Misa de cada día