Jesús sufrió campañas de descrédito. Dicen que tenía un espíritu maligno y que predicaba una doctrina seductoramente falsa. Su madre y sus familiares lo fueron a buscar probablemente para protegerlo de posibles conjuras o porqué temían que hubiera perdido el juicio. El mal está presente entre nosotros desde el comienzo de la historia, y a menudo se disfraza de apariencia de bien: esto se ha hecho siempre así, es lo que todos hacen, no hay más remedio, tienes que procurar para ti mismo, no te compliques la vida…Jesús responde con vehemencia a todas las acusaciones e insinuaciones que hacen contra él. No ha venido al mundo a hacer nada más que cumplir la voluntad de Dios, y esto pasa por encima de cualquier otro vínculo, incluso familiar, y por encima de su propia seguridad. Todos podemos cometer errores de apreciación y todos podemos pecar. Dios es misericordioso y siempre quiere perdonarnos. Pero cuando, oponiéndonos al Espíritu que nos mueve interiormente, convertimos el bien en mal y el mal en bien, Dios ya no puede hacer nada para salvarnos de la opción que hemos tomado.
Misa de cada día