Por su propia inercia, el mundo iba condenado al fracaso. Jesús es quien ha venido a salvarnos. Por esto sólo por la fe en Jesús podemos obtener la vida eterna. Aquí hay que entender la fe no en un sentido de asentimiento intelectual a la doctrina que enseña la Iglesia, sino de vinculación personal a Jesús. Así como en el desierto había que mirar a Jesús levantado en la cruz por nosotros. No podemos pensar de ningún modo que los ateos, los agnósticos y los seguidores de las religiones no cristianas estén condenados porque no creen explícitamente en Jesús. Quien busca algo es porque cree que existe. Quien busca la verdad, la belleza, el bien, la justicia o el amor cree que son realidades que existen, aunque no las haya encontrado identificadas en la persona de Jesús. Son buscadores de luz. Y seguro que la encontrarán cuando el Señor se les manifieste.
Misa de cada día