Ha llegado la hora. El interés de los griegos por ver a Jesús parece insinuar que, ante la presión de las autoridades judías, habría podido hacer una huida hacia delante y seguir su actividad entre las comunidades de la diáspora. Pero él sabe que ha llegado la hora de plantar cara al mal y a la muerte que quieren apoderarse de este mundo, y asume el propio sacrificio para que su entrega dé fruto abundante. No lo hizo sin lucha interior. Como verdadero hombre, tenía el mismo miedo al sufrimiento y el mismo instinto de conservación que todos tenemos. Pero el deseo de salvar a la humanidad y de obedecer a la voluntad del Padre fueron más fuertes. Sólo él podía hacerlo. Y ahora, des de la cruz, se erige como fuente de salvación universal y como faro que ilumina el camino de la historia humana. En los tropiezos y fracasos de la vida, él es el punto de referencia y el ancla segura. Él es el ejemplo que nos empuja a salir de nosotros mimos y entregar nuestras vidas al servicio de los demás.
Misa de cada día