El amor funciona cuando se establece una corriente recíproca, de ida y vuelta: amar y ser amado. En el modelo de amor romántico, que se caracteriza por la primacía de unos sentimientos pasionales, la relación puede degenerar en posesión y dependencia, que llevan a la insatisfacción y a la destrucción: tú tienes el deber de satisfacerme, yo te necesito para ser alguien…
El amor que Jesús nos tiene y nos propone que vivamos los unos con los otros no es de este tipo. También tiene dos caras. Aquí amar quiere decir procurar el bien del otro, cuidarlo tanto o más que a sí mismo. Ser amado, quiere decir bajar las defensas, abrir las barreras para que el otro entre a formar parte de mi vida, dejar que me afecte…
La iniciativa es de Dios. El Padre ama al Hijo, y el Hijo nos ama como el Padre. Tenemos que dejarnos amar por él, abrirnos para que pueda acompañar y guiar nuestras vidas como solamente él puede hacerlo. Y él nos invita a ser también transmisores de su amor.
Misa de cada día