Con la Ascensión de Jesús, su retorno al Padre, concluye su estancia entre nosotros, se completa su misión en la tierra: “Todo se ha cumplido”, dijo en la cruz. Su resurrección es la prueba de la muerte y el pecado han sido vencidos. Tras un tiempo de presencia misteriosa entre los discípulos para abrirles el sentido de todos los sucesos pasados, según las Escrituras, ahora llega la hora de la despedida. Queda un campo de acción inmenso para los discípulos, a quienes envía por todo el mundo a llevar la Buena Nueva del Evangelio. Mientras vayan equiparados con la fe, no les faltará la capacidad de obrar los milagros que confirman el poder de Jesús y del mensaje salvador que anuncian. La esencia de la Iglesia es misionera. También hoy los cristianos tenemos la misión de llevar el conocimiento de Jesús y de su amor salvador a todos los rincones del mundo, a nuestra generación y a todas las que vendrán después. No nos faltará la asistencia del Señor en esta tarea.
Misa de cada día