¿Qué tengo que hacer?, nos preguntamos a menudo. El núcleo de la Ley es amar, y amar bien. Hay que aclararlo, porque el amor es un concepto que hemos desgastado demasiado.
Amar bien significa amar a Dios sobre todas las cosas. Él es nuestro fundamento y nuestro destino. Si no amamos al Dios verdadero, ponemos nuestro corazón en dioses falsos que en el peor momento se desvanecerán, y que siempre nos conducirán por caminos equivocados que pueden llevarnos a la ruina. ¡Qué sensación de confianza y de libertad, cuando nos apoyamos en el Dios verdadero!
Amar bien significa también amar a los demás como a mí mismo. Amar a los demás en la justa medida, sin pretender que sean mis dioses ni mis siervos. Tanto como a mí mismo, porque todos somos hijos del mismo padre. Y esto quiere decir, claro está, que también debo amarme a mí mismo, procurar todo lo que me haga crecer y caminar hacia el encuentro con los hermanos y con el Padre, que es la felicidad suma.
Misa de cada día