Veíamos el domingo pasado que los enfermos y leprosos de Cafarnaún cumplían el reposo del sábado y esperaron a que oscureciera para presentarse ante Jesús. Pero hoy aparece un leproso que transgrede la ley que los mantenía al margen de todo contacto social. Se acerca a Jesús y le pide ser purificado. En Jesús puede más la compasión que la obligación legal, toca al leproso y queda puro. No podía hacer otra cosa quien proclamó al amor como el mandamiento supremo. Sin embargo, Jesús conmina al leproso a mantener en secreto lo que ha pasado y cumplir el procedimiento legal por el que será declarado puro. Seguro que Jesús no quería un enfrentamiento directo con los sacerdotes. Pero el leproso no sabe callar y va pregonando el milagro. No se da cuenta de que de este modo está declarando que Jesús es impuro legalmente, lo que le obliga a quedarse en sitios despoblados, como hacían los leprosos. Caigamos en la cuenta de que más adelante será condenado a morir extramuros, como un proscrito.
Misa de cada día