Es legítimo que los políticos se esfuercen por conseguir el poder que les permitirá llevar a cabo el proyecto que ellos consideran mejor para la sociedad a la que quieren representar y liderar. Por desgracia, el poder es goloso y crea dependencia. Por esto a veces el único proyecto de algunos políticos es mantener o recuperar el poder a toda costa.
Es lo que les pasó a los hijos de Zebedeo. Habían entendido poca cosa del proyecto de Jesús, pero apenas olfatearon que podía haber poder a repartir, se postularon como candidatos. Y esto despertó las iras de los otros diez, que también tenían sus aspiraciones.
La actitud de servicio que Jesús reclama a sus discípulos, y especialmente a los que tienen madera de líder, genera dinámicas totalmente distintas. En vez de polémica, colaboración; en vez de rivalidad, confianza; en lugar de acusación, diálogo; en lugar de conflicto, acuerdo.
Misa de cada día