dimarts, 9 d’octubre del 2018

DIOS NO NOS PIDE NADA QUE NO PODAMOS CONSEGUIR CON SU AYUDA (BUTLLETÍ INFORMATIU 7 d’octubre nº 521. Any 2018)

Aunque a algunos defender la indisolubilidad del matrimonio les parezca una utopía y un anacronismo, hay que decir que Dios nunca nos pide nada que no podamos conseguir con la ayuda de su gracia. Dios es Amor. Si nos ha creado a su imagen, esto significa que hemos sido creados para amar. Cuanto más amamos, más nos acercamos al modelo de donde venimos y hacia donde vamos, y estamos más cerca de la felicidad. El matrimonio es un sacramento porque es un compromiso de amor incondicional y fecundo, como es el amor de Dios por sus criaturas. Por esto un matrimonio que funciona es signo visible de la presencia y el amor de Dios entre nosotros. Es cierto  que somos débiles y que la vida ordinaria de muchas parejas queda muy lejos del ideal de amor que se habían propuesto. Es cierto que hay casos en la convivencia se vuelve inviable. Esto no es ninguna sorpresa para nosotros: sabemos que somos débiles y pecadores. Pero sabemos también que, para las personas que han sido llamadas al matrimonio, el proyecto de Dios no caduca y se abre paso entre todas las dificultades.                                                            

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